Este 22 de enero, marcó un hito importante para la sostenibilidad y protección de nuestras zonas litorales con la celebración del 1er Taller del Proyecto Resiliencia Costera, coordinado por el Centro de Estudios Multidisciplinarios de Zonas Costeras de la Universidad de Oriente, Cuba.
Este encuentro sirvió como espacio de diálogo, intercambio y co-creación entre actores clave comprometidos con la preservación y el fortalecimiento de los ecosistemas costeros. A lo largo de la jornada, se compartieron experiencias, conocimientos y propuestas encaminadas a diseñar estrategias que permitan enfrentar los desafíos ambientales y sociales que afectan a nuestras costas. Desde la importancia de la investigación aplicada hasta la integración comunitaria, el taller destacó el valor del trabajo conjunto y la visión multidisciplinaria para construir soluciones efectivas y duraderas.
Cuando la humedad del suelo es baja, la evaporación es limitada. Las condiciones de este régimen con limitada humedad pueden exacerbar los eventos meteorológicos extremos, incluyendo sequías y olas de calor. En un nuevo estudio, Hsu et al., cuantifican cómo el cambio climático está afectando al suelo. Encontraron que el cambio climático va a deshidratar al suelo, pero aún no es claro que tan seco es muy seco.
Cuando el plancton se encuentra en agua caliente, la materia orgánica se estanca en la superficie e interrumpe el transporte de carbono hacia el fondo océanico.
Las nuevas investigaciones indican que las olas de calor marinas reestructuran la composición de las comunidades de fitoplancton, reduciendo los niveles de carbono absorbido por el océano. Créditos: Universidad de Rhode Island/Stephanie Anderson
Las olas de calor marinas describen casos de aguas extraordinariamente cálidas que pueden permanecer en la superficie del océano durante meses. Al igual que las olas de calor que experimentamos en tierra, las olas de calor marinas pueden alterar la química ambiental y estancar los procesos biológicos. Mientras que las pérdidas catastróficas de megafauna son indicadores evidentes de un sistema de estrés, los investigadores han comenzado a recopilar datos suficientes para entender cómo los organismos microbianos en la base de las redes tróficas oceánicas están respondiendo a las olas de calor.
Un estudio documentó este proceso que podría agravar el calentamiento global. Las advertencias
La fragmentación acelerada de plásticos en microplásticos favorecida por el calentamiento de las aguas marinas incrementa la cantidad de partículas que pueden ser transportadas por tormentas tropicales y depositadas en tierra tras cada evento meteorológico, según los autores (Imagen Ilustrativa Infobae)
El hallazgo de que los tifones actúan como potentes vectores de microplásticos, transportando estos contaminantes desde el océano hasta la tierra, redefine la comprensión de los riesgos asociados a estos fenómenos meteorológicos y su vínculo con el cambio climático. Según la investigación publicada en Environmental Science & Technology, existe una relación física directa entre la contaminación plástica y el calentamiento global, lo que sugiere que ambos problemas podrían estar intensificándose mutuamente.
Un estudio internacional señala que los episodios térmicos extremos alteran el equilibrio biológico y modifican el flujo de carbono hacia las profundidades
Las olas de calor marinas afectan la vida microscópica y la capacidad del océano para almacenar dióxido de carbono, clave frente al cambio climático (Imagen Ilustrativa Infobae)
La intensificación de las olas de calor marinas plantea desafíos a la comprensión de los ecosistemas oceánicos y su papel en la regulación climática. Estos periodos prolongados de temperaturas altas afectan directamente la vida microscópica del mar e impactan en su capacidad para absorber y almacenar dióxido de carbono, un proceso clave para mitigar el cambio climático. Un estudio publicado en Nature Communications por un grupo internacional encabezado por Mariana B. Bif del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI) presenta nuevas evidencias sobre cómo estos eventos extremos alteran las redes alimentarias marinas y dificultan el transporte del carbono hacia las profundidades.
Las playas de arena ocupan el 31 % de las costas de nuestro planeta y tienen mucho valor tanto a nivel social y económico como desde un punto de vista ecológico. Además, son fundamentales para proteger de los temporales a las ciudades e infraestructuras que a menudo construimos cerca del mar.
Se sabe que las playas sufrirán más a menudo episodios de erosión e inundación debido al calentamiento global. De todas formas, se necesitan modelos matemáticos para hacer proyecciones cuantitativas y validar medidas de mitigación. Aunque estas proyecciones todavía tienen muchas incertidumbres asociadas, en los últimos años se han realizado grandes avances.
Si se encuentra en la playa (o en un lugar cercano a la costa) puede que haya notado que hacia mediodía empieza a soplar desde el mar un viento suave donde antes no lo había. Es muy probable que se trate de la brisa marina, un (agradable) fenómeno que se produce debido a la diferencia de temperatura entre la superficie del mar y la superficie terrestre.
En primavera y en verano, durante el día, el calor del sol calienta ambas superficies, pero a igual porción de calor recibida, cuesta mucho más elevar la temperatura del agua del mar que la del suelo. El suelo se calienta más rápida y eficazmente, y el aire que está en contacto con él también lo hace, perdiendo densidad y presión. Se hace, por tanto, más ligero, y se ve obligado a subir (ascendencia convectiva). En las áreas del interior donde esto ocurre se crea entonces una baja presión térmica, mientras que sobre el mar, que está más frío, el aire no puede ascender y lo que se crea es una alta presión.
Desde hace siglos, el mar ha sido fuente de misterio y poesía. Pero también de desafíos que ya no podemos ignorar. Hoy no solo hablamos del océano desde la mirada del navegante o del poeta, sino también desde la del científico que trata de descifrar cómo esos ríos invisibles –las corrientes marinas– están cambiando. Porque sí, hay ríos en el mar.
Visualización de las corrientes oceánicas en el Atlántico confeccionada por la NASA.
El océano está en continuo movimiento. Sus corrientes transportan calor, oxígeno, carbono y nutrientes, desempeñando un papel esencial en la regulación del clima y en la dispersión de contaminantes, microplásticos y larvas de peces, además de influir en procesos meteorológicos y climáticos a escala regional y global. Algunas de estas corrientes se están volviendo más rápidas, más intensas, como si el pulso del océano se acelerara. ¿Está aumentando su energía? ¿Qué lo causa? Todavía no tenemos todas las respuestas, pero lo estamos vigilando de cerca.